La gripe española: ¿dónde queda el arte y la enfermedad?

gripe española

El arte hecho durante la pandemia de la gripe española es escaso, pero revelador. ¿Por qué esta enfermedad fue olvidada y qué dice de nosotros en 2020?

¿Hay un hueco artístico sobre la gripe española?

En su ensayo de 1926, On Being Ill (Sobre estar enfermo), la autora británica Virginia Woolf considera, con su estilo único de stream of consciousness y como consecuencia de la entonces reciente epidemia de la gripe española, la aparente ausencia de las enfermedades en el vocabulario de las artes y las letras:

Considerando cuán común es la enfermedad, qué tan tremendo es el cambio espiritual que conlleva, lo asombroso que es cuando las luces de la salud se apagan, los países ignotos que se revelan, qué desiertos y yermos del alma un ligero ataque de influenza muestra, qué precipicios y céspedes rociados con flores brillantes una leve fiebre produce […] se vuelve extraño que en verdad la enfermedad no haya tomado su lugar junto al amor, la guerra y los celos entre los temas centrales de la literatura”.

Y claro, como una testigo plena de una epidemia que azotó al mundo durante los años finales de la Primera Guerra Mundial, sus palabras hacen mucho por llamar la atención hacia un hueco cultural y artístico notorio; no es casualidad que la misma Señora Dalloway haya sido una paciente de influenza. Sin embargo, a diferencia del otro gran evento histórico que ocurrió de manera paralela, la gripe española no tiene una huella cultural profunda, a pesar de que su tasa de mortalidad supera, y por mucho, a la de Gran Guerra (los 36 meses que duró esta crisis infectaron a 500 millones de personas, o un tercio de la población total, matando, según estimados, a una quinta parte de estos).

Sin embargo, a pesar de haber sido una amenaza que no se había visto desde la peste negra en la Europa medieval, ¿dónde están los poemas, los himnos, las pinturas, las esculturas y las películas conmemorando esta catástrofe? ¿Por qué la gripe española es casi una nota al pie, cuando sus efectos históricos hicieron, quizá, un eco más resonante?

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Imagen tomada de reprodart.com

Apenas en octubre pasado, el sitio web del museo londinense Wellcome Collection, publicó un ensayo al respecto a este tema. En él, cuentan la historia del retrato familiar que el artista austriaco Egon Schiele dejó incompleto. Desnudos, en cuclillas, Schiele mira desde el fondo del cuadro, encarando directamente al espectador. Frente a él se encuentra su esposa, Edith, mirando hacia un costado, con un bebé a sus pies. Una imagen doméstica sobre un futuro que jamás sucedió, pues para el otoño de 1918, los Schiele ya habían sucumbido a la gripe española. Edith murió embarazada, y Egon dibujó un retrato de su rostro consumido, moribundo, antes de fallecer él mismo días después. Tenían 28 años de edad. Otra estadística más entre tantas de una enfermedad casi olvidada.

La cuestión es que, a diferencia de otras pandemias históricas, como la Peste Negra, el SIDA o el Ébola, la gripe española no dejó muchos rastros o remembranzas detrás; no se escribió ningún Cuentos de Canterbury al respecto, o se estableció un Edredón Conmemorativo en nombre de sus 100 millones de víctimas. ¿Por qué?

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Imagen tomada de timesofisrael.com

La respuesta más confiable, al menos hoy, fue la naturaleza tan silenciosa de esta enfermedad; citando de nuevo a la Wellcome Collection, “mientras que 100 millones es un número impresionante, esas muertes estuvieron propagadas por todo el mundo, y en el caso de Gran Bretaña (225,000 muertes) y los Estados Unidos (675,000 muertes), representaron sólo el 2% de las poblaciones de esos países. Incluso en India, donde la gripe española mató a 18.5 millones de personas, la tasa de mortalidad es tan solo del 6%”, y a diferencia de los bubones negros de la peste, o el carcoma en los pacientes de SIDA, la coloración azul en la piel de los afectados por la gripe española, que en su mayoría murieron en el silencio y privacidad de sus hogares, no dejaron una impresión en nuestra memoria colectiva, y las muestras de arte como las de Schiele son escasas.

Sin embargo, los breves recuerdos que quedan quizá sean más relevantes hoy que nunca. Los más famosos, quizá, son los dos autorretratos que Edvard Munch, el pintor detrás de El Grito, hizo de sí mismo al contraer esta enfermedad.

El primero, Autorretrato con la gripe española, pintado en 1919, es una obra casi abstracta, donde el rostro del artista es apenas una impresión, una sugerencia de rasgos humanos desdibujados en un entorno sereno, pero que se desvanece. Una realidad desenfocada, casi etérea, donde el flujo del tiempo está ausente.

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Imagen tomada de .wikimedia.org

Pero la segunda pieza, Autorretrato después de la gripe española, cuenta una historia distinta. El rostro del artista está bien definido por una expresión exhausta, demacrada y harta, cuya mirada está dirigida directamente al espectador. Detrás de él, una habitación desordenada, con una ventana llena de luz. No es solo el retrato de un artista, es la representación visual de un cautiverio que termina, de una celda que por fin se ha abierto, y de una ventana que muestra un porvenir brillante. En palabras del filósofo y video-ensayista Oliver Thorn (cuyo video Beauty in Ugly Times habla sobre la producción artística en épocas de esperanza muerta), “este es un hombre que está comenzando a vivir su vida otra vez.”

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Imagen tomada de nytimes.com

¿Cómo será el arte que nacerá después del coronavirus? ¿Cuál será la huella histórica y cultural que dejará en las personas que lo vivieron? ¿Qué mostrarán los retratos de nuestro cautiverio voluntario? ¿Dejaremos algo detrás? Porque otra de las explicaciones al respecto de la ausencia de arte sobre la gripe española es que, tras 36 meses de enfermedad y miedo, las personas estaban listas para simplemente dejarlo atrás. Olvidarlo voluntariamente, porque esta crisis no representó una muerte gloriosa o merecía desfiles al terminar. Un sufrimiento físico que no quería ser revivido por aquellos que lo sobrevivieron. Quizá deje marcas dolorosas como el retrato de Egon Schiele, quizá queden migajas de esperanza como las obras de Munch. Pero pasará. Y es el arte el que plasmará la manera en que la historia recuerde el 2020, un año cuyo lienzo está en blanco.

 

Por Sergio A. Martínez│

 

Referencias

Meier, A. C. (16 de octubre del 2019). “Spanish flu and the depiction of disease. The Wellcome Collection”. Gran Bretaña. Recuperado el 28 de abril del 2020 de: https://wellcomecollection.org/articles/XabLWhAAACEAnUH2

Honigsbaum, M. (25 de octubre del 2018). “Why the 1918 Spanish flu defied both memory and imagination. The Wellcome Collection”. Gran Bretaña. Recuperado el 28 de abril del 2020 de: https://wellcomecollection.org/articles/W7TfGRAAAP5F0eKS

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