Materiales inéditos en la historia del arte

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Los artistas contemporáneos continúan la búsqueda de materiales inéditos para su obra.

Materiales no artísticos para crear arte

La obra de Joseph Cornell es el eslabón entre el arte de vanguardia y el contemporáneo. A través de objetos no artísticos —canicas, botones, dedales, dados, alfileres, timbres, recortes, cuentas de vidrio— crea esculturas tridimensionales.

Los ensamblajes que ideó se guiaban por una de las principales divisas del surrealismo según la cual el artista ejerce un magnetismo de objetos disímiles que terminarían por ser una fusión inquietante que al mismo tiempo que era influido por el entorno ejerce influencia en él.

Sus ensamblajes o cajitas además de ser objetos cotizados entre coleccionistas, sin proponérselo, abonan a un par de ideas muy extendidas entre los cultores del arte contemporáneo. A saber que los materiales clásicos para esculpir, después de milenios, estaban agotando su poder de significación, y que el arte retiniano, es decir, las diversas técnicas de pintura, no eran el único vehículo de la belleza plástica.

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Materiales experimentales y consolidados

Y esta es la intersección: ¿qué materiales no se han usado hasta el momento? Cada artista de nuestro tiempo responde a la pregunta de diversas formas. Por caso, Louis Borgois, las esculturas de tela, Cornelia Parker, los restos de una iglesia que calcinó un rayo en Texas, Jean Tinguely, los neumáticos, cadenas y palancas de los cementerios de máquinas.

Algunos deslumbran por su ingeniosa narrativa y otros sencillamente nos desconciertan. Pongo por caso a Damian Ortega quien realizó una escultura diseccionando un bocho, a Chris Ofili que ha montado sus obras sobre caca de elefante solidificada, o a Lady Gaga con sus vestidos de bistec.

Pero volviendo a Cornell. Me entero por los periódicos que Traga monedas Medici —collage de vidrio, madera, espejo, metal, canicas, jacks, impresos, y pintura—  fue vendido por 5 037 500 dólares en noviembre de 2018 en Christie’s en Nueva York, a un coleccionista privado. Una buena inversión, sin duda.

 

Por Juan Carlos Cruz│

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