Inspiración divina  

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El genio artístico puede ser de inspiración divina, dependiendo del cristal con que se vea.

Inspiración de las musas

Es un axioma el que las obras artísticas surgen del esfuerzo, el estudio y la destreza del individuo que las realiza. Y sin embargo hubo una época donde esta hacendosidad era considerada solo el epifenómeno de la influencia del numen.

Los artistas no eran personas excepcionales que se distinguían de las masas gracias a su constancia e inventiva sino los instrumentos del poder divino de Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania.

Si, por caso, una bailarina destacaba haciendo insólitas figuras dentro de una coreografía no era porque tuviera una voluntad y fuerza expresiva fuera de serie, sino porque Terpsícore, divina musa de la danza, la había tomado como instrumento.

En unas líneas de Sobre la Ilíada, Platón arguye: “el poeta es un ser alado, ligero y sagrado, incapaz de invención alguna mientras no lo hayan inspirado y se encuentre fuera de sí, momento en el cual su mente ya no le pertenece”.

Aunque en la época en que Platón era el mandarín intelectual de Atenas consideraban “sagrados” a los artistas, este aconsejó a las autoridades prohibir la Ilíada y la Odisea (y muchas formas de arte) a razón de que estas obras formaban malos ciudadanos y que normalizaban el libertinaje y la violencia.

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“El Hades de la Ilíada es un muro puesto al heroísmo y hace de los jóvenes unos cobardes ansiosos de vivir y temerosos de la muerte”, argumentaba el filósofo a los miembros de la clase gobernante.

Estos proscribieron entre a otros a los homéridas, aedos que narraban artísticamente las aventuras de Ulises, Aquiles, Venus, Mercurio, Helena, Penélope y compañía. ¿Entonces si los expulsaban, no había arte? Platón hizo lo posible para que sí hubiera arte, pero no el “inspirado” por las musas sino por los gobernantes.

 

Juan Carlos Cruz│

Fuentes

Collingwood, R.G. Los principios del arte, FCF, 1960.

Platón, Obras completas, Editorial Porrúa, 1990.

Vernon Hall Jr., Breve historia de la crítica literaria, FCE, 1963. 

 

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